
Lo siento, pero ya me he dado cuenta; me he dado cuenta de que la vida no es como me la había imaginado, de que puede que el sol no salga una mañana, de que todo lo que es fácil no sirve para gran cosa, de que por menos de nada me puedo poner a llorar sin explicarme por qué lo hago.
Un desencanto más en este idílico mundo que, día tras día, se va derrumbando sin que pueda crear unos pilares que lo sustenten un minuto más, un instante de felicidad más, un momento de engaño más. Esos muros que contenían las sacudidas de la realidad, se han resquebrajado y poco a poco han ido cediendo ante su inmenso y doloroso poderío.
Me he dado cuenta y he aprendido que los sueños no siempre se hacen realidad, por muy bonitos que sean. Esas imaginaciones tan lejanas no se van a acercar nunca y siempre quedarán como espectros sin cuerpo, en blanco y negro, vagantes en mi soñolienta mente sin que se encuentren con la realidad.
Ahora los colores del arco iris se han desteñido y van cayendo lenta y desfiguradamente hacia el suelo, cerca de los muros que contenían la realidad. Ahora no son siete los colores; todo adopta tonalidades grises, oscuras, en blanco y negro, ceniza que el viento se lleva a otra parte para que no siga creando esa sensación de podrido y viejo que se siente en cada rayo de luz que vemos, en cada cosa que tocamos, en cada sentimiento que está presente en nuestro interior. Ahora quiero volar hacia otro arco iris, hacia otro mundo con muros de irrealidad, con falsedades que me hagan feliz y vivir tranquilo en ese mundo de fantasía, con colores que disimulen lo que las cosas son en realidad, con mentiras que me aíslen de la tortura que es este día a día que no soporto.
Abatido nada es como quiero que sea y sólo un profundo sueño me hará razonar las cosas con algo más de lucidez. Soñando vuelve todo a ser falsa realidad y si es así como soy feliz... ¿para qué despertar?. Fuera de mis sueños sólo está la verdad, esa verdad que no quiero que exista sin que a su lado estén los muros que la contengan, ni el arco iris que la oculte.
Anhela el día de mañana otra mentira piadosa que le haga seguir creyendo que la realidad no existe y que es una terrible pesadilla que nunca va a existir. Triste dejá-vú que se cuela en nuestros sueños haciéndonos creer que la realidad es un fallo dentro del sueño, mientras que en verdad, el dejá-vú es un espejismo dentro de un fallo que dura lo que dura nuestra vida.
Es en mis sueños donde están mis extensos reinos, mis amores imposibles, las resurrecciones más anheladas, mis mayores temores, todas las mentiras de mi falsa realidad.

